Urban Continuum
Bienes raíces y agua entre la Ciudad de México y Valle de Bravo
Tepetl investiga la historia ambiental de Valle de Bravo mediante el análisis y la visualización de información, con el objetivo de trabajar con desarrolladores y generar una noción compartida de lugar. La aplicación de esta investigación se traduce en una serie de lineamientos y criterios de diseño para proyectos inmobiliarios impulsados por el paisaje y sensibles a las condiciones del sitio.
Valle de Bravo mantiene una relación estrecha con la Ciudad de México debido a su infraestructura hidráulica estratégica y a su valor recreativo. Provee agua a una amplia zona metropolitana y, al mismo tiempo, se ha consolidado como un destino privilegiado de casas de fin de semana para sectores de altos ingresos. Esta doble función es fuente de tensiones derivadas de dinámicas económicas y ambientales complejas que entran en conflicto entre sí.
Una de las aproximaciones para visualizar estas dinámicas ha sido el estudio de la infraestructura hidrológica de la región. El Sistema Cutzamala, concluido en 1972, almacena, potabiliza y distribuye agua para el Área Metropolitana de la Ciudad de México. Este proyecto reutilizó una red de presas existente, aprovechando la capacidad de almacenamiento del antiguo Sistema Hidroeléctrico Miguel Alemán, construido dentro de la cuenca de Valle de Bravo para abastecer de electricidad a la industrialización regional durante la década de 1930.
La lógica modernista que dio forma a esta red de presas dejó escaso margen para la participación comunitaria, ya que implicó la expropiación de tierras planas y fértiles. Tras ser desplazados, campesinos abandonaron bosques y tierras agrícolas, que posteriormente fueron conservados y estrictamente protegidos por el Estado para evitar la erosión y la contaminación de las fuentes de agua. Paralelamente, los agricultores y campesinos desalojados se reubicaron en zonas boscosas cercanas al límite exterior de las áreas de conservación, provocando procesos de deforestación, o emigraron a la ciudad como nueva mano de obra industrial, acelerando la expansión urbana y los cambios en el uso del suelo durante las décadas de 1960 y 1970.
En los últimos 20 años, esta red de presas y los bosques adyacentes —a tan solo 130 kilómetros al oeste de la Ciudad de México— han impulsado desarrollos inmobiliarios de alta gama, como clubes de campo y residencias de fin de semana. Esta tendencia ha incrementado la demanda y encarecido el valor del suelo, ejerciendo presión sobre tierras agrícolas degradadas que anteriormente fueron bosques. Áreas forestales previamente conservadas están siendo invadidas, mientras que servicios esenciales como el saneamiento resultan insuficientes. Una vez más, el desarrollo ha desplazado a campesinos y poblaciones rurales vulnerables hacia la periferia de grandes ciudades como Toluca o la Ciudad de México, reproduciendo un ciclo de retroalimentación.
La investigación aplicada ha permitido ofrecer a los desarrolladores un marco de referencia que va más allá de la inmediatez comercial. Los hallazgos y sus aplicaciones se comunican mediante narrativas visuales que facilitan la comprensión de sistemas complejos y promueven una aproximación multiescalar. Estas narrativas explicitan problemáticas de equidad y sostenibilidad, proporcionando una base objetiva para proyectos más responsables, que consideren las cuencas hidrológicas, las oportunidades de empleo local y un enfoque colaborativo en la toma de decisiones y los procesos constructivos.